18 may. 2013

No pasa nada


El otro día un niño se pegó un talegazo. De esos buenos. De los de tropezón con lo invisible, voltereta en el aire y colisión con suelo duro. Si hubiera sido un mayor tendríamos que haber llamado a una ambulancia. Las 3 personas adultas que lo vieron (madre incluida) se apresuraron a decirle con voz festiva "¡no pasa nada!, ¡venga, arriba!". El niño no supo si reír o llorar, se levantó renqueando y siguió  con su pequeña vida.
Y así vamos creciendo...
Y entre dolores y confusiones, avanzamos en la vida diciéndonos a nosotros mismos
"¡no pasa nada!" independientemente de la gravedad del asunto. ... si no nos cabe una blusa, pues de todas formas nos la compramos, ya la apañaremos, porque si tira un poco de sisa y un botón sale disparado y saltamos un ojo a alguien, no pasa nada.....si el amor de la vida nos abandona por una lagarta, pues ojalá se le salten los ojos, y no pasa nada.

Y yo creo que no. Que pasa. Y mucho. Y a lo mejor no hay que comprarse la blusa y si ponernos en manos de un endocrino. Y no hace falta saltarle el ojo a nadie porque el dolor  hay que pasarlo y nos da mucho que aprender. Porque cuando la vida se desmorona hay que ver qué ha pasado y, por lo menos, tropezar mejor.

A ver si vamos creciendo, aprovechando el dolor y la confusión para mejorarnos, en lugar de sacar nuestra alma de chirigota y algarabía extrema y, cuando nos sacan hasta los ojos, hacer cuatro chistes, partirnos el pecho un rato, olvidarnos de lo importantes y decirnos: "¡venga, arriba!, ¡qué no pasa nada!"

Eva Hache

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